Lo nuevo del Grupo La Fábrica en la capital se llama Almara y es un amplio y luminoso restaurante que huye de estridencias y sabores exóticos para centrarse en platos de siempre, puestos al día, que gustan a todos e invitan a prolongar la sobremesa, con una buena relación calidad/precio.
Apúntense este nombre, Almara, quienes quieran comer en un entorno cómodo y agradable, disfrutar de sabores de siempre y perfectamente reconocibles, y no arruinarse en el intento, pese a encontrarse en pleno Paseo de la Castellana (número 62) de una capital, Madrid, donde diariamente se abren restaurantes con precios de infarto.

Almara, lo nuevo del Grupo La Fábrica, cede el protagonismo al producto y a las recetas de siempre, convenientemente puestas al día por el chef ejecutivo del grupo, el navarro Aitor Mena, que ha diseñado una carta de clásicos tan reconocibles como infalibles que gustarán a todos.
Todo ello en un amplio y luminoso local de dos plantas al que el interiorista Pablo Luc ha dado un aire mediterráneo, contemporáneo y cálido al mismo tiempo, con suelo de terrazo y una barra en la que se puede comer. Texturas curvas, materiales naturales, mobiliario a medida y mesas con mantel invitan al disfrute y a la conversación.

En la planta baja, las dos grandes lámparas de cuerda dan escala y cararácter, con sus formas curvas, al espacio a doble altura. En la planta superior, bancos curvos crean espacios con algo más intimidad y miran a la cocina semiabierta donde se afanan los chefs. El restaurante cuenta además con una amplia terraza exterior que promete dar mucho juego en los meses más cálidos.
Una carta para gustar
Un entorno fresco y elegante para disfrutar de una carta no muy extensa de imprescindibles que miran al Mediterráneo y al Cantábrico y que está en plena evolución, a la espera de lo que manden los comensales. Sorprenderá a más de uno la gilda 6XL, que lleva pulpo y atún rojo y descansa sobre una salsa de mejillones. Para compartir, ensaladilla rusa, croquetas, buen jamón ibérico de bellota, puerro a la brasa con mojama de atún, tortilla de bacalao…
Los más marineros disfrutarán de los canelones de txangurro, la parpatana de atún rojo al oloroso, la lubina de estero a la sal o a la parrilla con bilbaína o el sapito del Cantábrico a la parrilla. Para los carnívoros hay opciones como el steak tartar de solomillo con yema trufada, la pluma ibérica o la chuleta de vaca madurada a la parrilla (no falta, por supuesto, un horno brasa).

El broche dulce no desmerece en absoluto con la infalible torrija caramelizada o el flan con yemas de huevo de corral, entre otras tentaciones golosas.
Y aunque la cocina de Almara cierra, el restaurante abre entre horas y propone una carta de barra en la que disfrutar de sus croquetas, gildas, ensaladilla, conservas…
Una amplia selección de vinos por copas
Todo ello, bien regado por una variada bodega que recorre la geografía española combinando clásicos de Rioja y Ribera del Duero con albariños, godellos y txakolis, además de otras referencias menos conocidas o más singulares. Una bien pensada selección que permiten al restaurante ofrecer una amplia gama de precios y opciones.
La propuesta se completa con champagnes y espumosos, vinos internacionales y una amplia oferta por copas con 25 referencias (entre espumosos, rosados, blancos y tintos) que no es habitual encontrar. Como valor añadido, no falta una carta especial de Vega Sicilia.
Un servicio atento y profesional
La experiencia Almara se redondea (o mejor dicho, empieza), por un servicio atento y eficiente. No podía ser menos al estar la sala capitaneada por un profesional como Albino Pereira, que ha desarrollado su carrera en grandes casas clásicas como Jockey, Horcher o el Grupo Oter, entre otros, y que ahora, en el mundo de la restauración organizada, sigue teniendo muy claro que el trato cercano al cliente es la clave. «No debemos olvidar nunca que a nosotros nos dan de comer los clientes; sin ellos, un restaurante no se puede sostener», afirma.

La Fábrica crece
En Almara Paco y Gonzalo Talavera, segunda generación al frente del grupo familiar de La Fábrica, lo han tenido claro: crear un restaurante acogedor con una propuesta gastro tradicional entendida desde la actualidad, con la que pretenden reforzar su línea más gastronómica iniciada con El Huerto de Floren Domezáin.
Este grupo hostelero madrileño, con más de 30 años de trayectoria, cuenta hoy con 15 restaurantes en Madrid que abarcan desde propuestas casuales hasta proyectos gastronómicos de autor ubicados en enclaves únicos como el Palacio de Linares o la azotea de ABC Serrano.
Con más de 400 empleados y más de un millón de clientes al año, La Fábrica se ha consolidado como uno de los referentes de la restauración en la capital, demostrando una constante capacidad de innovación, como demuestra la reciente concesión de Nubel en el Museo Reina Sofía o la del Café Prado en el Museo Nacional del Prado, junto a Grupo Life Gourmet.